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viernes, 26 de septiembre de 2008


Cierto que huí de los fastos
y los oropeles,
y que jamás puse en venta
ninguna quimera.
Siempre evité ser un súbdito
de los laureles porque vivir
era un vértigo y no una carrera...
Pero, quiero que me digas, amor,
que no todo fue naufragar
por haber creído que amar
era el verbo más bello ...
dímelo ...
me va la vida en ello.
Cierto que no prescindí
de ningún laberinto
que amenazara
con un callejón sin salida.
Ante otro "más de lo mismo"
creí en lo distinto
porque vivir
era búsqueda y no una guarida...
Pero, quiero que me digas, amor ...
Cierto que cuando aprendí
que la vida iba en serio,
quise quemarla de prisa
jugando con fuego.
Y me abrasé defendiendo
mi propio criterio
porque vivir
era más que unas reglas en juego...
Pero, quiero que me digas, amor...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Amar ... es el verbo más bello!!!

Andever dijo...

Gracias