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martes, 14 de octubre de 2008

La Vía Láctea vista de desde Dead valley National Park



Somos parte del conjunto que forma el Todo de la misma manera que una célula en mi cuerpo es una parte de mi. Pero en el universo no sólo existe la materia. También hay pensamiento y hay ideas como leyes que rigen el movimiento de los planetas, el nacimiento de una vida al abrirse una semilla, el florecer de una rosa, el desplazarse de una nube…

Estamos tan intrínsecamente unidos al Todo que muchas veces perdemos la noción de que nuestra existencia fuera de este conjunto nos sería imposible.

Y como un trocito de mí, como una víscera mía, como mi dedo o mi nariz, son parte de mí pero también soy yo. Y si mi dedo hablara tal vez nos contaría que se ve a sí mismo siendo sólo mi dedo, pero desde mi perspectiva yo nunca olvidaría que mi dedo soy yo, aunque también sea mi dedo, y parte de mi mano y de mi brazo entero. Son puntos de vista que establecen donde posicionamos conscientemente nuestra entidad en relación a la entidad total de la que somos parte. Y este punto de vista tiene un efecto importante en nosotros.

Pensamos que el cerebro crea los pensamientos que cruzan nuestra mente. Pero no hay prueba de eso. Los pensamientos surgen y brotan de un sitio donde la ciencia no alcanza a llegar. Podría también ser que cómo un ojo dibuja en su retina una imagen, así nuestro cerebro, también otro sentido, dibuja las ideas que capta, que le llegan, desde dentro de una fuente inmaterial, o desde fuera en un libro, en una charla, una canción… haciendo que vea esas ideas; permitiéndome ser consciente de ellas.

Más allá de mi cuerpo soy un trozo de la consciencia total que tiene el universo. Cuando nos identificamos con nuestro cuerpo pensamos que estamos de prestado en esta vida. Esto es un punto de vista, como cualquier otro, pero tiene el efecto de hacer que nos sintamos que el alma sólo viene a visitarnos y después nos deja. Sin embargo podemos identificarnos con el alma, con esa parte nuestra consciente del fluir de la vida, con el observador que siempre desde dentro nos contempla. Y entonces vemos que el cuerpo es como el dedo, nosotros somos más porque hemos encontrado la esencia de nuestro ser.

Tú y yo, todos juntos, las calles, los jardines, las montañas, el mar, el ritmo, el color y el pensamiento mismo, somos el universo. Y nos conviene recordarlo y sentirlo. Mirarnos desde ahí.