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jueves, 16 de octubre de 2008


Estamos buscando amor y buscamos que otros nos lo den.

A las relaciones, ya sean de pareja o de amistad, hay que entrar buscando la “mejor” manera de dar el amor que nos fluye dentro. Sólo así el amor ofrece la recompensa de llenarnos de alegría. Y será sólo entonces cuando estaremos dispuestos a compartir no sólo ese amor, sino también el resto de emociones que se despierten en ambos, ya sean conflictivas o placenteras. Y todo ello con el objetivo de conocernos más a fondo a través de lo que estamos sintiendo.

Es verdad que cuando alguien querido nos ama alimenta nuestro bienestar emocional. Pero por nuestro propio bien, no podemos depender del amor de nadie, sencillamente porque nosotros tenemos que hacernos responsables de nuestro propio bienestar. Para saber como encontrarlo, tenemos que mirar hacia dentro y contemplar de forma sincera nuestras reacciones y nuestras intenciones.

Cuando se establecen condiciones, por pequeñas que sean, que la persona amada debe respetar -lo cual es ya de por sí es una falta de aceptación del otro- lo que en realidad se va haciendo es poner obstáculos a la libertad de manifestarse que conlleva el amor incondicional. El amor tiene que ser incondicional porque sino no es amor, el amor tiene que ser libre para expresarse, no puede imponer ninguna tasa o control y ha de carecer de segundas intenciones.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido amigo, Que harias luego de dar amor hasta el cansancio y descubrir que no fuiste correspondida, y hasta fuiste estafada, tomada como incauta. Sòlo perdonar? Es acaso eso justo?