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domingo, 21 de septiembre de 2008
El observador no hace ningún juicio, sólo observa. Ve cómo pasa la vida para ese hombre que vive, sueña y muere, allá en la materia. El observador se siente conectado con este hombre. Si el hombre no estuviese tan preocupado con su supervivencia, se daría perfectamente cuenta de que él no es el cuerpo en el que habita, ni la parte de su mente que hace juicios y raciocinios. Su entidad radica en el observador que observa su vida pasar y es testigo de todos sus instantes. El observador no lo juzga, sólo lo observa pero de vez en cuando participa. Pero sólo cuando se le pregunta, se le pide ayuda, se le escucha.

No es fácil escuchar al observador. Su comunicación no le llega al hombre por el oído solamente. Su comunicación se presenta constantemente alrededor del hombre, en las imágenes, los sonidos, las sensaciones, las emociones, los deseos y las circunstancias todas. El observador lo observa todo y lo sabe todo.

El observador le da al hombre todo lo que este le pide. Pero tiene que saber pedirlo. El observador hace que el hombre vea las cosas como el hombre cree que son. Si el hombre cree que la vida es maravillosa, el observador observa que lo es. Si el hombre cree que es un valle de lágrimas, el observador también observa que lo es. Sin juzgar, sin influenciar, sin opinar, solo confirmando las creencias del hombre.

2 comentarios:

Amanda dijo...

¿Qué es preciso creer para que el observador se dé cuenta de que el hombre desea que se pronuncie más claramente en aquellos nudos de la experiencia que se reanudan sin cesar?

¡Observador, si me lees, aquí o en mi corazón, estoy deseando que me influyas profundamente...!

Andever dijo...

Pienso que no se trata de creer sino más bien de estar en el momento sin creer nada. Creo que se tiene que conectar con esa parte tuya que simplemente es. Sin ninguna preocupación y con total aceptación.

Te deseo suerte encontrando tu paz. Gracias por comentar.