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domingo, 21 de septiembre de 2008
Dentro de todos nosotros existe la necesidad de agradar a otros. En algunos es mas marcada obviamente que en otros. Esta necesidad puede provenir de dos fuentes totalmente diferentes. La primera fuente es el impulso que genera dentro de nosotros el amor. El dar agrado a otros cuando este deseo nace del amor es un placer extraordinario. Nos llena el corazón y nos trae paz.

El segundo motivo por el cual buscamos ser amables y agradables a otros, no es tan caritativo con nuestra paz, y la razón es que nace en realidad de uno o mas juicios de los cuales nos hemos encontrado culpables. Cuando buscamos reconocimiento y aceptación con nuestro comportamiento amable, lo buscamos porque no lo hemos encontrado aun. Y no lo hemos encontrado porque al buscarlo dentro de nosotros no lo hemos hallado.

Cómo podríamos hallarlo si nos hemos considerado insuficientes, antipáticos, poco cultos, poco inteligentes, egoístas, feos, menos que perfectos, vagos… Para poder liberarse de la culpa de ser todas estas cosas, tenemos que dejar de pensar que somos menos de lo que podemos ser.

2 comentarios:

Amanda dijo...

"(...) tenemos que dejar de pensar que somos menos de lo que podemos ser."

¿Y cómo se deja de pensar eso si en algún lado del corazón de la afectividad está la impronta indeleble que va generando esas ideas?

Siempre lo he imaginado como una huella, un pequeño relieve hundido donde ya no puede crecer la hierba. O como las células de un corazón infartado, que han perdido para siempre su capacidad de latir.

Tú, sin embargo, pareces totalmente convencido de que todo se reduce a unas creencias que se han instalado y estructurado en el punto de vista; algo que sueles denominar programación.

¿No parece una broma pesada que se aloje donde la memoria no llega, o la consciencia no enfoca, no sin dificultad?

¿Por qué este "jugar" al escondite con uno mismo cuando ya manifestamos a diario el genuino deseo de sabernos por completo?

¿No será que en ese saberme he de ir improvisando la propia creación de lo que soy, es decir que no soy por tanto nada concreto dentro de la percepción que de mí tengo?

Claro que no estoy hablando de lo que en esencia dice el conocimiento que soy, que es algo que no está al alcance de mi percepción, pero que sin embargo la inspira.

En el fondo me imagino que todo esto es como si estuviera viviendo en un campo yermo de fertilidad potencial extrema, en el que puedo sembrar mis experiencias de acuerdo al modelo divino que creo que soy. Que me salga o no un vergel con el que me alimento de satisfacción cotidiana, depende de que haya clonado con fidelidad el ideal amoroso original.

Creo que para muchos entre los que me incluyo, es francamente complicado desvincularse de su impronta afectiva para empezar a crear su manifestación sin grilletes.

Andever dijo...

Pienso que todo está al alcance de tu mente pero hay cosas que no nos queremos decir porque no nos gustan. Cuando yo me observo a mí mismo pensando muchas veces veo que aparto algunos pensamientos de una forma muy rápida, los desecho y cuando me doy cuenta ya no están a la vista y no puedo seguirles o recordarlos.

Creo que se trata de prestar atención al presente pero no sólo a lo que ocurre fuera sino también en tu mente. Y de encontrar en ese presente los pensamientos programados uno a uno para poder tomar decisiones conscientes. En ese conocerte creo que efectivamente vas improvisando lo que eres y te vas descubriendo en tus actos mentales y físicos.

Me gusta eso que dices de clonar el modelo del amor divino para ofrecerlo como tu manifestación. Eso es lo que yo trato de hacer.

Gracias por tu comentario.